Con cada inhalación y exhalación del mundo, se desploma un objeto hacia sus bordes. ¿Hacia dónde caen? Desde la habilidad humana que descubrió el hacer de los artefactos -arte factum-, hecho con arte, hasta la aceleración en la producción de objetos, esta exposición va en rescate de la cosa, no del objeto.

La cosa: esa materialidad portadora de historia, de símbolos, de contextos; un tejido de memoria y relatos. Las cosas dicen mundos.

“Nobles oficios” es un homenaje al trabajo artesanal y una puesta en valor de los modos de persistencia y renovación de los oficios textiles. La renovación es una clave fundamental para que el pasado perviva. ¿Por qué? Porque lo original reside en los nuevos modos que tenemos de ver lo viejo.

El pasado: la tela viste, ornamenta; el pintor prolonga su cuerpo en la tela, y el mundo se va desenrollando en un extenso cuento. La historia humana se recorta en el cuerpo. La historia textil es también la historia de cómo la naturaleza ofrece sus elementos.

La economía, la ciencia, la tecnología, el arte, la política, la ecología: son las expresiones materiales donde las cosas- pequeños-mundos hilan las comunidades.

¿Qué producimos? ¿Cómo? ¿Qué consumimos? Los objetos se producen; las cosas se confeccionan, y la diferencia radica en una mirada política de las economías que generamos. Una economía que surja de la creatividad de los pueblos. Un modo de producir cuyo excedente no sea destruir recursos ni vínculos humanos.

Confeccionar es ir en busca de un ensamble, y es el arte quien se ubica en este camino. El arte, como la estructura de un telar, tensa las preguntas fundamentales.

Cada oficio porta un saber. ¿Qué hacer con estos elementos de la naturaleza que, a través de largos procesos industriales y culturales, nos representan?

Desde el hilado que proviene de plantas hasta el taller de una paragüería, la mano artesana, artística, social y política nos devuelve una cosa.

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