Profecía y poesía en los bordes del mundo

Sacristía Iglesia de San Pedro González telmo (1734)

Patrimonio histórico y cultural

¿Qué es una obra de arte? Es la imaginación al servicio de una invención estética, emotiva e histórica. La imaginación, no el mundo de las ideas. Son la espesura vívida que deviene de lo caminado. De ahí el material del arte: las imágenes.

Las imágenes habitan el territorio. En un tanteo a ciegas, en plena adivinación, el artista vislumbra el asomo de unas criaturas en sombras, un amarillo amanecer que será la obra de arte. Lo sucedido en sus noches, sus caminatas, el calor acaecido, los bullicios, su tiempo histórico, se despliegan en la tela o un poema. Esa temperatura de los colores o el vibrar de las palabras es el aura de una obra de arte: el tiempo único e irrepetible que nos alcanza y trasciende.

¿De dónde brota el color? ¿Por qué un rojo o un morado frutal? ¿Por qué un amarillo desolado, un gris terciopelo de ave o un azul cayendo al río?

La colección de pinturas Las Sibilas de San Telmo, cuyo hábitat es la Sacristía de San Pedro González Telmo, guarda como tesoro invaluable una serie de doce óleos del siglo XVIII. ¿Qué es aquello que atesoran?

En sus materiales, colores, óvalos florales originarios de nuestra América, se declara la presencia de manos maestras y de aprendices que dieron forma a sus figuras, al tensado de la tela; cada una de las zonas de estos cuadros es mensajera de la historia cultural, religiosa y artística de nuestra comunidad.

La historia de los pueblos está hecha de sus vestigios creando una geografía emotiva a través del arte. En esta Sacristía, los rostros de Las Sibilas son testigos de los acontecimientos de tres siglos de nuestra ciudad.

¿A quién ofrece su testimonio una pintura? Nace entre el bullicio del mundo y la visión del artista, pero sólo se expande en la contemplación mutua: la comunidad y la obra se miran.

La osadía de estos óleos radica en que, pese a una restauración y una investigación exhaustivas que revelan su origen en talleres del Alto Perú, aún se desconoce el momento de su llegada a esta Sacristía. Reposan silenciosas, como enredaderas, otorgando vigor a estos muros. La pintura es la piel del artista, de la historia y de su comunidad.

La incertidumbre de su arribo les otorga un carácter misterioso. El arte teje con la incertidumbre humana y, en su recorrido estético, alimenta la memoria cultural y sensible de los pueblos.

El silencio del arte es un silencio precioso.

Las Sibilas profetizan. El mensaje divino reposa sobre doce misterios que enlazan la vida del mundo con la del cielo. El arte se enreda en esa trama a través de los colores. Somos enredaderas sobre los muros del mundo.

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