Cientos de pájaros volando
Este libro creció a la par de los días de infancia junto a todos los lugares de provincia en los que viví. Pero también es hijo de mis barrios de la ciudad. Está tejido con el pueblo de mi padre en la década del 40 y el barco en el que navegó en su juventud de obrero.
Tiene el eco de los parientes de mi madre y los bordes del pueblo dibujados con dedos de pintor. Tiene calles de tierra, casas en Parque Patricios y Constitución y la soledad de las cosas cuando nos mudamos.
Está hecho con pedazos de pintura, con trozos de cine y de teatro y con cartas de amistad. Es un libro de pájaros que van y vienen o simplemente van.


Fragmentos
¡Un barrilete de infancia, pensé! Un sonido que viene de lejos y se aprende para siempre. Sería acaso el barrilete de Juanito o el barco de Quinquela, pero pintado en miniatura, visto con el paso del tiempo. ¡Mi barrilete! ¡Mis retazos de niña! También pensé en Roland Barthes, en sus breves relatos de duelo a su madre. Recordé esa fotografía en que la describe pequeña, junto a sus dos hermanos, compartiendo el invernadero en la que fue tomada la imagen y que lo llevó a escribir Diario de duelo. Sus frases se oían como una escritura de la despedida descubriendo a esa niña que fue su madre, pero ahora lo hacía recuperar la esencia de su niñez. Una historia los juntaba íntimamente, pero la otra historia, la de los detalles de los vestidos de su madre, le donaban una infancia epocal.
Cartas
Marzo
Tus viajes me han hecho pensar en los míos. Tu cualidad de viajante me recuerda que nací en un pueblo y la sola idea de viajar produce en mí movimientos poéticos que me hacen imaginar muchos paisajes. Saltos camineros que van de una fotografía emotiva a otra, que nacen de mi infancia con todas sus mudanzas y con esa mirada llana de las cosas (...)





